Es inevitable identificar la decoración de interiores únicamente con cuestiones estéticas; sin embargo, hay mucho más allá y en este nuevo artículo expondremos por qué es tan importante saber decorar nuestro hogar. Ya lo contábamos anteriormente en nuestro post Decorar con arte. La clave es precisamente esta, asumir que las estancias que decoramos no constituyen únicamente nuestra vivienda, sino nuestro hogar, nuestro refugio y espacio en el que reponemos energías y celebramos nuestras mayores alegrías. 

La pandemia y los meses de confinamiento han hecho que muchas personas se replanteen esta cuestión. Al permanecer más tiempo en casa, han detectado cómo una decoración de interiores diferente, sin ni siquiera necesidad de acometer obras, puede hacer la vida más agradable. 

Esta es una de las máximas que en todo planteamiento de decoración ha de primar: la comodidad y el confort. En este sentido, menos es más, porque las cosas excesivamente sobrecargadas con objetos terminan por agobiar, por transmitir una sensación de caos que nos contagia. Por el contrario, cuando un hogar se concibe como un espacio más funcional y ordenado, se incrementa el confort, haciendo todo más accesible y acogedor. 

La importancia de los materiales

En toda buena decoración de interiores es importante tener muy en cuenta los materiales que empleamos. La madera es, sin duda alguna, la reina de la calidez, siendo además muy versátil tanto en su tratamiento como en el encaje de diferentes estilos; mucho más, por ejemplo, que el mimbre, que si bien es cierto que también ayuda a crear espacios acogedores condiciona más el resto de elementos de la estancia. 

Asimismo, los tejidos de algodón o lana también contribuyen a aumentar la calidez de nuestro hogar, bridándonos la oportunidad de conjugarlos en función del emplazamiento de las viviendas, puesto que el clima nos determina en gran medida la decoración de interiores. Es lo que sucede, por ejemplo, con las alfombras, que aportan sensación de confort, pero no terminan de encajar en climas excesivamente calurosos. 

Jugar con los colores

Por su parte, el tratamiento que hagamos de los colores en nuestra decoración de interiores también es decisivo. A diferencia de lo que sucedía en el pasado, cuando básicamente podíamos jugar con la pintura de paredes y techo, las nuevas tendencias cromáticas nos facilitan jugar con una amplia variedad de colores en muebles, tejidos y todo tipo de accesorios, desde lámparas y cortinas a jarrones o esculturas; ello, no obstante, no significa que nos volvamos locos combinando muchos colores que, a la postre nos producirán cansancio visual.

A la hora de seleccionar tonos más claros u oscuros es importante tener en consideración cuán luminosa es la estancia, pues si entre poca luz natural nos haremos un flaco favor haciendo que los colores oscuros sean predominantes. Por norma general, los colores neutros y naturales resultan más relajantes,  con la ventaja de que podemos romper con elementos que aporten toques de color más llamativo.

Tonalidades como los verdes, azules, ocres, anaranjados o marrones le aportan a nuestra vivienda ese toque orgánico que podemos reforzar con la presencia de plantas que favorecen el relax y transmiten bienestar.

La creación de estilo propio

No podemos obviar tampoco que la finalidad de una decoración de interiores es impregnar a nuestra vivienda de nuestra propia personalidad, creando un estilo propio en el que la presencia de recuerdos como fotografías pueden jugar un papel relevante si no nos excedemos en su colocación.

A este respecto, el salón es la estrella del hogar, porque es la estancia en la que permaneceremos más tiempo y dónde compartiremos momentos con nuestras visitas. Es en esta habitación donde podemos desplegar más nuestra creatividad, dando un especial protagonismo al sofá como epicentro de cualquier reunión, así como a la mesa en la que podrán disfrutarse inolvidables veladas.

Prestar atención a la decoración de nuestro hogar influye en nuestro estado de ánimo desde el mismo despertar, iniciando el día con optimismo y recibiéndonos tras una dura jornada laboral en un espacio en el que cada estancia tiene un poquito de nosotros mismos.